TIPOS

Para la noción que trata el ‘tipo’ de discurso, me parece esencial asociarlo, por un lado, a las estructuras institucionales complejas que constituyen los “soportes” organizacionales, y por otro lado, a las relaciones sociales cristalizadas de ofertas/expectativas que son los correlatos de estas estructuras institucionales. Por supuesto, estas estructuras institucionales y estas configuraciones de ofertas/expectativas no pueden ser tratadas simplemente como datos sociológicos “objetivos”; unos y otros son inseparables de los sistemas de representaciones que, en producción, estructuran lo imaginario donde se construyen los rostros de los emisores y de los receptores de los discursos.

Se considera incorrecto, por ejemplo, que se pueda definir el discurso político como tipo, sin conceptualizar su anclaje en el sistema de los partidos y en el aparato del Estado, por un lado, y sin teorizar, por el otro, las modalidades a través de las cuales este tipo de discurso construye los rostros de sus receptores. Es en la definición de tipo que intervienen las hipótesis, teniendo la pretensión de aprehender la especificidad del tipo, es decir, su diferencia frente a otros tipos. En el caso del discurso político, una hipótesis de este género consiste en postular la construcción, a un cierto nivel, de un destinatario genérico ciudadano-nacional (asociado al colectivo “Nación”), comprometido en prácticas con respecto del sistema político (y por lo tanto teniendo expectativas con respecto a su funcionamiento), y a otro nivel, de tres subespecies de destinatarios: el pro-destinatario, contemplado a través  de mecanismos de refuerzo de la creencia compartida, el para-destinatario, blanco de mecanismos del orden de la persuasión, y el anti-destinatario, blanco de los rostros de lo polémico.

Igualmente, tampoco se considera correcto el poder definir el discurso de la información (discurso que tiene por objeto la ‘actualidad’) como tipo, sin conceptualizar, por un lado, su articulación en la red tecnológica de los medios y en el sistema de normas que rigen la profesión de periodista, y por el otro sus modalidades de construcción de un solo destinatario genérico ciudadano-habitante (asociado al colectivo “País” pero motivado por el colectivo “Mundo”) y comprometido con las diversas rutinas de la apropiación espacio-tiempo de lo cotidiano. Si el destinatario genérico ciudadano-habitante se encuentra próximo, en ciertos aspectos, de un pro-destinatario, el discurso de la información será desconocido para el para-destinatario y para el anti-destinatario.

Tampoco se considera bien el definir el discurso publicitario como tipo sin conceptualizar, por un lado, sus relaciones complejas al mismo tiempo con el mercado económico de los bienes de consumo, con la red institucional de la comunicación comercial y con la red de los medios de comunicación, en los cuales el discurso busca su legitimidad, y por el otro lado, sin conceptualizar sus modalidades de construcción de toda una galería de para-destinatarios en tanto que consumidores potenciales.
Y así sucesivamente.